"Me opongo", se escucha cada tres minutos. "El abogado está guiando la respuesta", agrega el que impugna la pregunta. "No me deja terminar", responde la otra parte. "Presidente, el abogado hace caras y se ríe", interrumpe un letrado. "Ni lo miro. El que se ríe es él", se defiende al que señalaron.
Estas situaciones se llevan más de la mitad del tiempo de los interrogatorios. Las partes, tanto de la acusación como de la defensa, como viviendo su propio talk show, parecen llevar un juicio paralelo.
Y el presidente del Tribunal, Pedro Roldán Vázquez, hace malabares para ser imparcial.
"Por qué me ponen violento", les gritó en una oportunidad. "Por favor, aceleren el interrogatorio", suplicó más de una vez.
Ayer, trató de hacerlos razonar: "hay un exceso de pérdida de tiempo. Es un juicio largo e importante. Hagan preguntas concretas", rogó.